18 julho 2010

Cambios de conduta


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La enfermedad aparece en chicas ligeramente rellenitas, (más bien ellas se sienten gordas), perfeccionistas, inteligentes y con buen rendimiento escolar que se ponen a dieta. Una vez perdidos esos primeros kilos que tanta alegría le produce, quiere más, y más, y más. Y ese deseo escapa a su control, convirtiéndose la pérdida de peso en el eje central de su vida.

Por ello, se aíslan, se centran en estudiar cada vez más, se acuestan tarde y se levantan pronto. Duermen muy poco.

Además, compensan su inseguridad con un mayor esfuerzo en los estudios y se alejan de sus amigas; pierden la comunicación con ellas. Y esto se vive con un sentimiento de abandono por parte de las antiguas amigas. Y se refugian en casa, en los estudios, en los hermanos pequeños. Pero poco a poco, según siguen perdiendo peso y la comida se convierte en el eje central de sus vidas, el rendimiento escolar comienza a disminuir.

Se pesan a diario, a veces antes y después de comer o después de ir al baño. Las pacientes comienzan a leer sobre el contenido calórico de los alimentos, y llegan a aprender sobre nutrición casi más que algunos profesionales.

El déficit de nutrientes por falta de ingesta unido a la falta de hormonas sexuales por la pérdida de las reglas en un momento de la vida que es clave para la formación de la masa ósea produce que uno de los problemas más importantes que se plantean en estas pacientes es la osteoporosis que van a presentar en los años venideros, incluso una vez curada la enfermedad.

Por eso, actualmente estas chicas se les pone un tratamiento hormonal sustitutivo, del tipo que se utiliza en la menopausia.

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